Mostrando entradas con la etiqueta DESCRIPCIÓN. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta DESCRIPCIÓN. Mostrar todas las entradas

domingo, 22 de septiembre de 2013

D1-05 DESCRIPCIÓN EN CINCO VUELTAS FICHA DE LECTURA

CURSOS ACAJEL
PRIMER SEMESTRE
REDACCIÓN

DESCRIPCIÓN EN CINCO VUELTAS
 Por Luis Gruss

1/ Nuestra experiencia como lectores o periodistas nos permite reconocer, al menos de una manera intuitiva, aquellos momentos de una narración en los cuales el ritmo de la sucesión de los acontecimientos se detiene --se frena-- para dar paso, mediante esa cristalización del discurso narrativo, a otra forma del discurso que llamaremos descripción.

2/ El procedimiento de describir se conjuga naturalmente con el ejercicio de narrar. Prácticamente los dos registros no se conciben uno sin el otro. Describir y narrar, asimismo, forman parte de un mismo cuerpo discursivo definido o recortado, una vez más, por la mirada o perspectiva del narrador y por la del “describidor”, si así puede llamárselo. Este último no ve objetos de manera inocente. Sencillamente porque ninguna mirada es inocente. Quien describe no se dedica a hacer un mero recuento de detalles innecesarios como si se tratase de un exhaustivo inventario. Recorta, elige, carga de significado a un objeto que acaso para otro testigo podría resultar insignificante, banal, aleatorio.

3/ Observar y describir es saber diferenciar el todo y la parte. Tengamos en cuenta que hasta una foto aparecida en los diarios es apenas la reconstrucción de una imagen en base a puntos que, al igual que nuestras palabras y pensamientos convencionales, reconstruyen la experiencia en base a términos abstractos. Mostrar es, también, entender que toda descripción corre paralela a la narración. Pero no son la misma cosa. Así concebida, la descripción se nos presenta como un acto discursivo que difiere de aquel realizado por la narración. A diferencia de esta última, la descripción abandona el orden de lo sucesivo para internarse en la noción de simultaneidad. De hecho no existe al describir un orden naturalmente organizado por el paso del tiempo. En este caso las cosas, los objetos, los escenarios se muestran aparentemente al margen del tiempo. Depende del observador qué función terminen cumpliendo en el discurso. Pero la descripción no se libera jamás de la mirada individual ni de la necesaria significación que el observador  le atribuye al objeto que por alguna razón llama su atención.

4/ No puede describirse todo. El periodista que lo pretenda no entiende los límites que la vida (o la página) le imponen. Es una pretensión utópica, imposible de llevar a la práctica. Si un periodista, a la hora de contar una historia, no se impone ciertos límites (es decir, si no se resigna a esconder ciertos datos que necesariamente se le presentan ) la historia que se ha propuesto  contar no tendrá ni principio ni fin, ya que, de alguna manera, llegaría a conectarse, mediante infinitos vasos comunicantes, con todas las historias, con el universo entero.

5/ Por lo dicho el cronista que describe se ve fatalmente obligado a eliminar innumerables datos por ser superfluos, prescindibles y por estar implicados en los que el narrador hace explícitos. De todas maneras el autor deberá diferenciar aquellos datos excluidos por obvios e inútiles, de los datos escondidos esenciales, pero no siempre revelados; y también de aquellos que sí o sí deben ser nombrados e iluminados por el cronista. El dato escondido (un tema tratado a fondo por Mario Vargas Llosa en su libro Cartas a un novelista) se conecta con otro asunto, caro al Taoísmo y a la pintura china, como lo es la necesidad de utilizar el espacio vacío que existe entre los objetos: la página en blanco sobre la cual pueden escribirse palabras, el cántaro hueco donde puede verterse líquido, la ventana abierta por donde puede entrar la luz, el caño por donde, justamente gracias al vacío, puede correr el agua. Conclusión: describamos sin atosigar la escena, sin saturarla. Saturar es ahogar y no dejarle al lector ni un solo resquicio para que el complete como quiera lo que falta. A la vez, restarle demasiados elementos a una descripción puede llevarnos a la dispersión y, en un sentido último, a la nada.